Valor

 Generosidad

La generosidad es el hábito de dar o compartir con los demás sin esperar o recibir nada a cambio. Comparado a menudo con la caridad como virtud. La generosidad se acepta extensamente en la sociedad como un hábito deseable. En momentos de desastres naturales, los esfuerzos de la ayuda son con frecuencia proporcionados, o con la intención de ayudar voluntariamente, por individuos o grupos que actúan de manera unilateral en su entrega de tiempo, de recursos, de mercancías, de cobijo, etc.

La generosidad puede también ser de tiempo personal, de dinero, o de trabajo, para otros, sin la recompensa envuelta. Aunque el término generosidad, va a menudo de común acuerdo con caridad, mucha gente en el ojo del público desea el reconocimiento de sus buenos actos. Las donaciones son necesarias para apoyar a organizaciones y a sus comités, pero sin embargo, la generosidad no debería estar limitada a épocas de gran necesidad tales como desastres y situaciones extremas, ya que la generosidad no ha de estar basada solamente en el estado económico o material muy bajo, sino que por el contrario, esto incluye las intenciones puras del individuo de mirar hacia fuera para el bien común de la sociedad, o bien de terceros individuos o grupos, y así dar ejemplo a los demás.

Ejemplos

  • Ayudar a un anciano a cruzar la calle.
  • Servir el almuerzo en un comedor infantil sin percibir un salario o una remuneración por ello.
  • Sonreír a las personas.
  • Plantar árboles para evitar el sobrecalentamiento global.

Claves para lograr este valor

  • Dale algo a otro que sea importante para él La generosidad es más eficaz cuando lo que ofreces es importante para el otro.
  •  Acepta el reconocimiento La generosidad es una calle de dos vías, y es importante dejar que el otro exprese.
  • Acepta la generosidad de otros También es importante dejar que los demás hagan las cosas por ti.
  •  Mostrar aprecio.
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LA CRISIS MIGRATORIA

El país recién ha empezado a recuperarse de dos tormentas que afectaron la región el año pasado. Sin demasiada asistencia de Estados Unidos, muchos de sus habitantes se dirigen a la frontera.


Chamelecón, HONDURAS — Los niños remueven la tierra con ramas, en un intento por escarbar los restos de las casas que quedaron sepultadas bajo el suelo. Sus padres, que no pueden darles de comer, hurgan en los escombros en busca de techos que puedan vender como chatarra. Viven sobre el lodo que se tragó los refrigeradores, las estufas, las camas, con la vida entera sepultada bajo sus pies.

“Estamos signados aquí”, dijo Magdalena Flores, de pie en un colchón que se asoma entre la tierra donde solía estar su casa. 

Sin embargo, Biden ha enviado un mensaje claro a todos los que están pensando en cruzar la frontera: “No vengan”, dijo en una entrevista reciente.

La advertencia a duras penas ha tenido eco aquí en Chamelecón, un barrio en la ciudad de San Pedro Sula controlado por el crimen organizado y que fue golpeado por ambas tormentas. Los sobrevivientes del desastre dicen que no tienen otra alternativa.

Meses después de los huracanes, las casas siguen bajo el agua. En donde antes había puentes ahora hay enormes agujeros. Miles de personas siguen desplazadas y viven en refugios o en la calle. El hambre los acecha.

“Nunca lo he querido hacer”, dijo Ana Hernández, agarrada de la mano de su hijo de 11 años en una gasolinera de San Pedro Sula, la capital económica de Honduras. “La situación me obliga a hacerlo. Llegas a un momento donde no tienes ni para darles de comer”.



Comentarios

  1. Buena información sobre el valor

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  2. Un tema muy interesante 😌

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